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Ojojona atrapado en medio de la violencia

Un lugar pintoresco y apartado de los problemas de las grandes ciudades es ahora víctima del flagelo de la extorsión.

La extorsión ha hecho este lunes que por segunda vez los transportistas paralicen el transporte público en la turística y pintoresca ciudad de Ojojona, Francisco Morazán.

Según la información, a los transportistas que cubren la ruta desde la mencionada ciudad a la capital Tegucigalpa, se les está yendo todo el dinero que recaudan en el “impuesto de guerra” o extorsión.

La protesta de las víctimas del flagelo que ha cobrado la vida de muchas personas que han perecido a causa de las balas asesinas, también ha afectado a todos los pobladores y las visitas de personas que realizan turismo en el pintoresco lugar.

Ojojona es asediado por turistas, nacionales y extranjeros, que principalmente se interesan por las artesanías hechas y pintadas por el propio pueblo originario (lenca), utilizando el barro negro, material usado exclusivamente en dicha región, además de caminar tranquilos por las calles mientras toman postales.

No obstante, ahora la ciudad es azotada por uno de los males que cobra cientos de vida en el país (la extorsión), sobre todo la de los transportistas.

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Los choferes manifestaron que ya no soportan los cobros de la pandilla 18 y de la Mara Salvatrucha, además de otras bandas involucradas en el ilícito “… no podemos seguir pagando, corren peligro nuestras vidas…”, expresó una de las víctimas a una radio local del país.

Se paga todos los viernes. Ese día los transportistas se reúnen para llegar al monto exigido por los delincuentes.

Se informó que el paro de labores es indefinido a raíz del alto riesgo que implica seguir trabajando en las mencionadas condiciones.

Expertos en seguridad han manifestado que esta problemática es una de las más complejas que hay en el país. Debido a la cantidad de personas involucradas en el ilícito, incluso algunas que están a lo interno de las instituciones operadoras de justicia y en las fuerzas de seguridad.

Acerca de Ojojona

Más de 400 años de historia y tradición convierten al pueblo de Ojojona, de origen lenca, en un patrimonio cultural en Honduras.

Llegan turistas, nacionales y extranjeros, que principalmente se interesan por las artesanías hechas y pintadas por el propio pueblo originario, utilizando el barro negro.

Los visitantes siempre se sintieron seguros. Caminaban tranquilos por las calles mientras se fotografiaban en las diferentes iglesias.

El baile Guancasco, danza propia de los lencas que se basa en la búsqueda de la paz con sus hermanos.

Para los religiosos, este es un lugar imperdible en Honduras. Cuenta con una iglesia de las más antiguas, la parroquia de San Juan Bautista, construida en el año de 1823, que sobresale por la ingeniería utilizada por los colonizadores, que se distinguió de las otras en el país, y en las empedradas calles con sus techos de tejas en la mayoría de la estructura del sitio.

El clima en la ciudad normalmente es fresco, está ubicada en una región de mucha riqueza natural. Los platillos propios en este pueblo son los típicos: tajadas de plátanos, frijoles, queso, huevo; yuca frita con chicharrón; y los nacatamales de maíz, entre otras gastronomías.

 

Calle 7