"No tenemos fuerza ni dinero": el duro testimonio de dos hermanas que perdieron su casa y negocio en Río Abajo

«No tenemos fuerza ni dinero»: el duro testimonio de dos hermanas que perdieron su casa y negocio en Río Abajo

20 de octubre de 2025Nacionales

La comunidad de Río Abajo, ubicada en el kilómetro 12 de la carretera a Olancho, vive días de angustia y desolación tras las intensas lluvias que destruyeron viviendas, negocios y esperanzas.

Lo que antes era un punto lleno de vida, ahora se convirtió en un paisaje cubierto por lodo, vehículos soterrados y familias que intentan reconstruir lo poco que les quedó.

Familias que lo perdieron todo

Con palas y carretas, los vecinos trabajan sin descanso para sacar el lodo que cubre sus hogares. Entre ellos, Sonia Raudales, quien junto a sus hermanas y sus hijos intenta recuperar algo de normalidad. “Perdimos todos los utensilios, sala, cocina y comedor. Todo quedó a la mitad de lodo, pero ya logramos limpiar un poco”, contó con voz entrecortada.

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Mientras Sonia relataba su experiencia, familiares seguían retirando el lodo acumulado, recordando el terror de aquella noche. “Mis hijos tienen miedo a la lluvia, por eso cerramos las puertas. No escuché cuando la quebrada venía bajando, todo pasó en cuestión de minutos”, narró.

Un emprendimiento bajo el agua

Antes del desastre, Sonia y sus hermanas sostenían a su familia con el alquiler de una cancha de fútbol en la comunidad. Sin embargo, la lluvia arrasó con todo: la grama sintética desapareció y las paredes quedaron inservibles. “Aquí necesitamos ayuda. No hay dinero ni fuerza, pero queremos comenzar de nuevo”, expresó.

Otra vecina, María Valeriano, también perdió su casa y todas sus pertenencias. “La quebrada nos agarró de repente, no pudimos sacar nada, solo a la familia”, lamentó.

Promesas y esperanza entre el lodo

La Alcaldía Municipal del Distrito Central y la Policía Militar llegaron al lugar para retirar escombros y entregar ayuda humanitaria. Las autoridades prometieron ejecutar obras de mitigación para evitar nuevas tragedias, aunque los vecinos aún esperan fechas concretas.

Pese a la tristeza, Sonia se aferra a la fe. “Le digo a mis hijos que lo importante es que estamos vivos. Demos gracias al Señor, porque seguimos aquí”, dijo con esperanza, mirando los restos de lo que alguna vez fue su hogar.

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