Guerra total y final abierta: Rubilio Castillo rescata a Marathón y Olimpia sale vivo del infierno de San Pedro Sula
No fue un partido, fue una batalla. El Estadio Olímpico fue testigo de una final de ida no apta para cardíacos. Marathón y Olimpia no se guardaron nada y firmaron un empate 2-2 que deja la moneda en el aire. El Monstruo tuvo para ganarlo, el León para liquidarlo, pero al final Rubilio Castillo apareció desde la banca para evitar la catástrofe verdolaga.
El 2026 arrancó con fuego. Los de Pablo Lavallén golpearon primero, los de Troglio (o el DT de turno) remontaron con jerarquía, y una genialidad a balón parado selló la igualdad. Todo se definirá en Tegucigalpa, donde el margen de error será cero y cualquier fallo puede costar el ridículo de perder el título.
Golpe a golpe: Messiniti y la polémica
Marathón salió a comerse la cancha. A los 10 minutos, Alexy Vega frotó la lámpara, dejó tirado a su marca y sirvió en bandeja para que el argentino Nicolás Messiniti pusiera el 1-0. El Olímpico explotaba.
Pero Olimpia tiene siete vidas. Tras salvarse del segundo (gol anulado a Henry Figueroa por offside milimétrico), el León respondió. Al 33’, Emanuel Hernández ganó en las alturas tras un centro venenoso de Agustín Mulet y clavó el 1-1. El negocio empezaba a salirle redondo a la visita.
Arboleda silenció el estadio y «Roruca» fue el héroe
El complemento fue de infarto. César Samudio, que había sido figura tapando un cabezazo de Benguché, dio un rebote fatal al 67’. Ahí apareció el verdugo de siempre, Yustin Arboleda, para empujarla y poner el 1-2. Olimpia remontaba y acariciaba la copa 40.
Parecía que el Monstruo se desangraba, pero Lavallén movió el banco. A falta de 12 minutos, en un tiro libre agónico, Rubilio Castillo demostró su raza de goleador y empató el partido 2-2, devolviéndole el alma al cuerpo a la afición sampedrana.
El miércoles 7 de enero en el Estadio Nacional no habrá mañana. Empate en la ida, guerra en la vuelta. ¿Quién tendrá los nervios de acero para levantar la copa?











