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“De esto vamos a salir”: niños de La Guaira relatan cómo viven la tragedia de los sismos

4 de julio de 2026Internacional, Titulares, Videos

En una zona afectada de La Guaira, Venezuela, varias familias que perdieron sus viviendas tras los recientes sismos se mantienen en un campamento improvisado donde intentan reconstruir su día a día.

En ese espacio, los niños se convierten en el principal sostén emocional de sus padres, entre juegos, rutinas básicas y esperanza.

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La vida en el campamento

Durante una visita al lugar, se observó a menores como José Luis Díaz Vega, quienes enfrentan la nueva realidad sin dejar de jugar.

Los niños se bañan con agua fría, comparten alimentos y pasan las tardes entre partidos de béisbol y fútbol, intentando mantener cierta normalidad pese a las condiciones.

En medio de la conversación, los pequeños responden con naturalidad a preguntas sobre su vida diaria. Explican dónde duermen, cómo se alimentan y cómo pasan el tiempo con otros niños del campamento, donde el juego se convierte en una forma de resistencia emocional.

Entre el frío y la esperanza

Los menores relatan que algunos momentos resultan difíciles, especialmente cuando recuerdan sus casas perdidas. Sin embargo, también destacan el apoyo que reciben de sus familias. “Nos dan comida, nos cuidan y podemos dormir en cama”, comentan algunos de ellos, resaltando lo que aún conservan dentro de la difícil situación.

Al mismo tiempo, los niños expresan que extrañan sus hogares, ya que muchos vieron cómo sus viviendas quedaron dañadas o destruidas tras el sismo. Aun así, mantienen una actitud positiva y siguen adaptándose al campamento donde ahora viven.

El testimonio que refleja la realidad

Entre las conversaciones, los menores repiten una frase que refleja el sentimiento colectivo del lugar: “De esto vamos a salir”. Esa expresión resume la mezcla de dolor y esperanza que acompaña a las familias afectadas, quienes intentan reconstruir sus vidas desde cero.

Aunque la pérdida de sus hogares marca profundamente a las familias, los niños mantienen la rutina diaria con juegos, estudios improvisados y momentos de convivencia.

Su presencia se ha convertido en un motor para los adultos, que encuentran en ellos la fuerza para seguir adelante mientras esperan apoyo para recuperar sus viviendas.