¡CONFESIÓN ESCALOFRIANTE! Rubén Matamoros revela cómo su hijo de 12 años lo obligó a perdonar al asesino de su madre
El relato que paralizó a Honduras. El fútbol pasó a un segundo plano. La vida de Rubén Matamoros, exjugador de Olimpia y Motagua, cambió para siempre en la Semana Santa de 2024. Un conductor borracho le arrebató a su esposa, la pastora Yeni Reyes, y días después a su pequeño hijo Josué. Destrozado, el exfutbolista rompió el silencio en una entrevista con Rely Maradiaga y reveló el momento más duro de su vida: el perdón.
Matamoros, entre lágrimas, confesó que fue su hijo sobreviviente, Caleb, quien evitó que el odio lo consumiera. “Ese man nos reventó la familia, pero qué hacemos; ¿seguimos haciendo que nos siga dañando el corazón o lo soltamos?”, se cuestionó Rubén.
La lección de un niño de 12 años
Lo que siguió fue un golpe de realidad. “No se me olvida cuando mi hijo Caleb se limpió los ojos y me dijo: ‘Perdonemos, ese man no nos va a seguir dañando el corazón’”.
Esas palabras cambiaron todo. “Que un niño de 12 años perdone al tipo que causó todo esto, me dejó una tremenda enseñanza. Desde allí comenzó nuestra sanación interior”, relató Matamoros, quien aseguró que ya perdonó al conductor ebrio que causó la tragedia en Zambrano, aunque aclaró: “La justicia es la justicia”.
«Dios te bendiga»: ¿Qué le diría al asesino?
La pregunta fue directa: ¿Qué haría si viera entrar al responsable por la puerta? La respuesta de Rubén dejó helados a todos: “Yo le diría: Dios te bendiga. Sabes lo que hiciste. Los dos necesitamos a Jesús. Sé que un día algo pasará”.
La escalofriante predicción de su esposa
En medio del dolor, Matamoros reveló un detalle místico. Su esposa sabía que se iba. “Un día antes, ella le dijo a su madre: ‘Mire mami, yo ya estoy lista, si el Señor me llama, yo ya estoy lista’”.
Incluso, una semana antes del fatal accidente, una pastora profetizó su partida: “Llegó la hora de adorar cara a cara al Señor, llegó la hora de volver a casa”. Hoy, Rubén lucha por justicia en los tribunales, donde el imputado enfrenta una posible condena de 30 años, pero su alma, asegura, ya ha encontrado la paz gracias al perdón de su hijo.
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