¿A qué me dedicaría si viviera en un pueblo de Honduras?
En los pueblos de Honduras, nadie se dedica solo a una cosa. Aquí la vida es simultánea, generosa y comunitaria. Desde vender roquillas y pan casero, hasta tener gallinas, vacas y una pulpería.
Todo se mezcla con historias de vecinos, novelas a mediodía y claves de wifi abiertas que convierten una acera en centro de reunión.
“Y si usted de repente mira que en el pueblo es el único que tiene wifi y empiezan a aparecer personas… es que está mala la señal”, dice entre risas una conversación que se volvió viral. Jóvenes sentados afuera, visitas inesperadas y amigos nuevos: todo indica que alguien puso wifi… y olvidó cerrar la clave.
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Pan, tamales y gallinas sueltas
La escena sigue: “¿Tendrías gallinas?”, “¿Venderías tamales?”, preguntan entre risas. Y aunque algunos aseguran que solo comprarían pan casero, no faltan las historias de tacuacines, perros callejeros y cercos de tabla que hacen imposible criar algo. Pero lo que no falta nunca es una señora que vende arrolladitas en “La Conce” o un tamarito de elote para acompañar la tarde.
Las pulperías, el alma del barrio
Tener una pulpería es más que un negocio, es tener información, ver pasar la vida… y aguantar interrupciones. “Mi mamá la dejó morir”, confiesa una joven que prefiere no ser interrumpida en plena novela. La queja se repite: “No cierren a las 12, uno necesita comprar”. La solución: poner turnos, tener un tele o simplemente atender mientras se ve la telenovela.
¿Y si usted viviera en un pueblo? Tal vez criaría vacas, vendería tortillas o trabajaría en la alcaldía. “Yo sería alcalde y prohibiría cerrar la pulpería al mediodía”, bromea uno. Porque vivir en un pueblo no es solo una ubicación, es un estilo de vida donde todos hacen de todo… y todos se conocen.
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