El valor oculto de su voto: lo que nadie le dice sobre el costo de la democracia
A tres días de las elecciones generales, Honduras se mueve entre la tensión, la expectativa y una pregunta que pocos se hacen: ¿cuánto cuesta sostener la democracia? La respuesta está en una cifra que pareciera pequeña, pero que resume todo el aparato electoral del país: 266 lempiras por cada hondureño inscrito en el padrón.
No es un número al azar. Es el resultado de dividir los 1,737 millones de lempiras aprobados por el Congreso para las elecciones entre los 6,522,577 ciudadanos habilitados para votar, incluidos casi 500 mil hondureños en el extranjero.
Una inversión que revela prioridades
Detrás de esos 266 lempiras hay transporte, logística, maletas electorales, seguridad, tecnología, personal temporal y un engranaje institucional que, aunque cuestionado muchas veces, sostiene el derecho al voto.
El sociólogo de la UNAH, Marco Tinoco, lo resume en una idea:
“La democracia es costosa porque implica formar ciudadanos, garantizar procesos y mantener instituciones que funcionen.”
Honduras, asegura, ha mantenido un sistema democrático relativamente estable frente a un contexto centroamericano donde los retrocesos autoritarios han ganado terreno. Pero esa estabilidad no está garantizada.
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El abstencionismo: el enemigo silencioso
Los estudios del CESPAD confirman una tendencia preocupante: en cada elección, casi la mitad del padrón decide no votar. Las causas son conocidas: desconfianza, frustración, apatía.
Tinoco advierte que la no participación no solo debilita la legitimidad de las autoridades, sino que genera un espacio fértil para liderazgos extremos o autoritarios.
Cuantos menos hondureños votan, más vulnerable se vuelve la democracia.
El voto como inversión (o como pérdida)
El economista Henry Rodríguez pone sobre la mesa otro dato: la deuda política, que entrega 45 lempiras por cada voto válido a los partidos.
Esto significa que el costo electoral no termina en el presupuesto aprobado. Si votaran cuatro millones de hondureños, esa cifra se multiplicaría y se sumaría al gasto ya autorizado.
Y cada voto que no se utiliza —señala Rodríguez— también representa una pérdida:
“Cuando un ciudadano no vota, el país ya invirtió en esa posibilidad. Es un recurso que se desperdicia.”
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30 de noviembre: la decisión que le da sentido al gasto público
Los especialistas coinciden: el gasto solo vale la pena cuando los ciudadanos deciden participar.
El país ha destinado recursos millonarios para garantizar que cada hondureño pueda elegir a quien gobernará en los próximos años.
Pero esa inversión solo se transforma en democracia si la gente acude a las urnas.
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El valor final está en sus manos
El 30 de noviembre no solo estará en juego un gobierno, sino la vigencia del sistema democrático y la capacidad de los hondureños de influir en él.
266 lempiras ya fueron invertidos para que usted pueda votar.
La pregunta es: ¿lo aprovechará?









