Cuidado padres de familia: Los “confites mortales” que están llegando a las aulas hondureñas
La alerta se ha encendido en distintos centros educativos del país: productos que aparentan ser inocentes golosinas, bebidas o vaporizadores están empezando a circular entre estudiantes de primaria, secundaria e incluso universidades.
Detrás de esa apariencia inofensiva se esconde un mercado de drogas sintéticas que avanza silenciosamente hacia los espacios donde debería prevalecer la seguridad y el aprendizaje en Honduras.
Lea También: Bancadas de oposición del Congreso Nacional a autoconvocatoria; abordarán sobre estado de excepción
Las investigaciones de cuerpos policiales y sanitarios confirman que organizaciones criminales han incorporado una nueva estrategia para posicionar sus sustancias: disfrazarlas como alimentos o dispositivos de uso común entre jóvenes. Lo que parece un “confite” puede contener compuestos psicotrópicos de alta potencia, diseñados para imitar efectos de drogas como marihuana, cocaína o LSD.
El comandante de la Dirección Policial Anti Maras, Pandillas y Contra el Crimen Organizado (Dipampco), David Ortega Pagoada, reveló que este año las pesquisas se han intensificado debido a la expansión de una estructura criminal con operaciones en varias zonas de la capital. El objetivo es rastrear el ingreso, almacenamiento y distribución de estas sustancias.
Uno de los hallazgos más alarmantes señala que estos productos ya habrían sido detectados en puntos de acopio dentro de barrios urbanos y, peor aún, cerca de centros educativos. Forenses especializados reportan que, junto a los cigarrillos electrónicos adulterados, están emergiendo comestibles, bebidas y vaporizadores modificados con componentes sintéticos capaces de afectar severamente la salud mental y física de adolescentes.
En un reciente operativo en Tegucigalpa, la Dipampco y la Unidad de Microtráfico del Ministerio Público decomisaron un importante lote de drogas sintéticas valorado en millones de lempiras. La bodega funcionaba como centro de almacenamiento, preparación y distribución. Allí se encontraron cartuchos y líquidos con niveles elevados de THC y cannabinoides artificiales, altamente adictivos.
Las investigaciones apuntan a que estas sustancias eran comercializadas dentro y fuera de centros educativos, mediante vendedores ambulantes y canales digitales que facilitaban el contacto con estudiantes. Algunos distribuidores incluso ingresaban a los recintos académicos sin mayor temor a ser identificados.
Mientras tanto, la Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado mantiene inspecciones en laboratorios, droguerías y farmacias para evitar el desvío de precursores químicos usados en la fabricación de estas drogas.
Lea También: “La Patrona del Mal”: ¿cómo operaba esta maestra con la Pandilla 18?
La advertencia es clara: los criminales están transformando las drogas sintéticas en productos que los jóvenes consumen sin sospechar. Hoy, más que nunca, los padres deben estar atentos a lo que entra en las mochilas de sus hijos.








