El regreso forzado: el rostro humano de la deportación
Con el rostro marcado por la tristeza y la incertidumbre, Ricardo Hernández bajó del avión tras el regreso forzado que lo devuelve a su país; así es el rostro humano de la deportación.
Hace apenas unos días que había sido detenido al salir de su trabajo en Estados Unidos.
“Yo estaba trabajando y me agarraron; lo manejan como animal a uno,” relató con la voz entrecortada.
Ricardo había pasado un año en suelo estadounidense, sin documentos, pero con la esperanza de brindarle un mejor futuro a su familia.
Ahora, su esposa y su hija han quedado allá, en un país que ya no lo quiere.
A su lado, Antonio García, otro hondureño deportado, recordaba el momento en que fue capturado.
Salía de Honduras con la ilusión de cruzar la frontera y encontrar un trabajo digno.
Sin embargo, su sueño se truncó el 24 de enero, cuando apenas había pisado suelo estadounidense.
“Ya casi estábamos a punto de cruzar como un lago , ya estábamos desnudos para meternos cuando nos agarraron”, contó.
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¿Cuántos migrantes retornaron a Honduras?
Como Ricardo y Antonio, 129 hondureños regresaron este lunes al aeropuerto Ramón Villeda Morales, parte de los traslados semanales de deportados.
Según el consulado hondureño, 90 de ellos fueron detenidos en los primeros días del segundo mandato del presidente Donald Trump, quien ha endurecido las políticas migratorias.
«Es complicado para todo mundo, así para todos los migrantes» señala.
En 2024 Al menos 37,419 hondureños fueron deportados, muchos de ellos menores de edad no acompañados.
Y en los primeros 23 días del año fueron deportados tres mil 285, un promedio diario de 143, de acuerdo a estadísticas del Instituto Nacional de Migración de Honduras (INM).

¿Qué ofrece el gobierno hondureño?
El gobierno hondureño asegura un programa social, “Hermano Regresa a Casa,” para brindar apoyo a los ciudadanos que se ven obligados al regreso forzado, esto es el rostro humano de la deportación.
Se les ofrecerá un bono solidario y otros beneficios según su situación laboral y social.
Aun así, la incertidumbre persiste. “Aquí voy a trabajar para mantenerme, para comer,” dice Ricardo, pero sin poder ocultar su dolor.
Estados Unidos sigue siendo una meta para muchos hondureños.
Pero para los que regresan, la realidad es otra.
La obligación de reconstruir una vida que dejaron atrás, en un país que muchas veces no les ofrece alternativas.
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