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Enfermera hondureña relata lo que ha vivido a un año de la pandemia

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Beatriz Sorto, enfermera del Instituto Hondureño de Seguridad Social, relató algunas de las vivencias que le ha tocado experimentar en este primer año de pandemia y destacó el importante papel que juegan las y los enfermeros.

El personal de salud fue el primero en atender el llamado a resguardar la vida de la población hondureña.

“Cuando comenzó la crisis sanitaria jamás pensé que pasaría todo esto, tantas muertes y dolor”, indicó.

“Siempre he dicho que sin el equipo de enfermería, una estructura física no sería un hospital, esta área es todo para el paciente”, expresó, destacando la ardua labor que realizan en los diferentes turnos.

El espacio en el que trabaja Beatriz tiene una capacidad para  106 personas  y cuenta con 26 profesionales de enfermería y 56 auxiliares.

Para ingresar a la unidad del Instituto Hondureño de Seguridad Social, tiene que seguir rigurosas medidas, debe utilizar el equipo de protección, lavarse las manos, colocarse el Mono Tyvek (traje permeable), guantes, bata, botitas, una mascarilla que le garantice su seguridad, gafas o careta y otro par de guantes.

Se convierten en familia

En muchas ocasiones, la única manera en que los pacientes los reconocen es mediante la voz, debido a toda la indumentaria que deben portar, sin embargo, eso no les impide crear un vínculo con ellos y en el momento de recuperación se convierten en familia.

Estas acciones han tocado el corazón de los parientes de los enfermos contagiados de Coronavirus, quienes en agradecimiento le llevan pequeños presentes, aunque menciona que “le da pena” recibirlos, ya que todo lo que hace, le nace realizarlo.

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Desafortunadamente, aunque los médicos y enfermeras hagan su mayor esfuerzo, el virus se desarrolla de manera impredecible.

“No puedo olvidar el caso de un joven llamado Santos que luchó durante varios días contra el Covid y tenía la esperanza que se recupería”, explica Sorto. A pesar de recibir la atención médica necesaria, el estado de clínico del paciente empeoró.

“Oré por un milagro, y le pedí a Dios que ese chico no muriera, me fui a casa con el corazón angustiado, pero con la fe en el Señor y al día siguiente murió, me dolió mucho y siempre lo recuerdo”, lamentó.

Enfermera por vocación

A pesar del gran reto que representa brindar atención médica a los  infectados de SARS-CoV-2, admite que no cambiaría su profesión por nada del mundo.

“No sabía que estudiar, pero una compañera dijo que su mamá era enfermera y ahí nació la idea. La decisión la tomé cuando mi padre estuvo muy mal de salud y me encargue de su cuidado” narró.

Ese momento se convirtió determinante, ya que supo que quería dedicarse a esta labor tan difícil que realizan estos profesionales.

“Me matriculé en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras del Valle de Sula (UNAH-VS) y me titulé”

Sorto, también imparte clases en el Instituto Los Zorsales, transmitiéndole sus conocimientos a las nuevas generaciones de auxiliares de la salud en el país.

“Depende de todos controlar esta pandemia, tenemos que ser responsables”, expresa.

Su mayor anhelo es que los hondureños continúen aplicando las medidas de bioseguridad para evitar que más muertes por el contagio de este virus, que ha enlutado el territorio hondureño, asimismo, desea que la población y sus colegas pueden disfrutar de un mañana donde puedan realizar sus sueños.

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