¿Cuartos VIP de $20 mil? Impactantes revelaciones de lo ocurrido en penal de SPS antes de su demolición
Más allá del hacinamiento y la violencia que suelen caracterizar las cárceles en Honduras, diversas denuncias han apuntado a la existencia de sistemas paralelos de poder, en los que el dinero, la influencia y la corrupción determinaban las condiciones de vida dentro del centro penal en San Pedro Sula (SPS).
Fue en ese contexto en el que salió a la luz en una reciente entrevista, donde la exreclusa colombiana Paula Restrepo relató detalles inéditos de su paso por la cárcel sampedrana.
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Sus declaraciones, ofrecidas en un pódcast «Más allá del silencio», revelan una estructura interna donde el acceso a comodidades, seguridad e incluso movilidad dependía directamente del dinero, al punto de que, según afirmó, existían cuartos privados que podían alcanzar los 20 mil dólares.
Restrepo describió que, dentro del presidio, operaba una especie de mercado clandestino en el que los reclusos podían adquirir beneficios impensables en una cárcel convencional. Desde habitaciones equipadas con televisión, aire acondicionado y refrigeradora, hasta permisos para salir a centros comerciales, todo tenía un precio establecido.
«En todas las cárceles hay corrupción, incluyendo la de Colombia, pero es que las de Honduras eran un descaro», expresó.
De acuerdo con su testimonio, estas facilidades no eran accesibles para todos, sino que dependían del perfil económico del interno. La exreclusa señaló que existía una lógica de “estatus” dentro del penal, en la que ciertos grupos —como extranjeros o implicados en delitos financieros— eran considerados con mayor capacidad de pago, lo que influía directamente en el tipo de trato recibido.
La corrupción, afirmó, era abierta y sistemática. Restrepo mencionó que las negociaciones para acceder a estos privilegios pasaban por autoridades penitenciarias, incluyendo figuras directivas que actuaban como intermediarios. Según explicó, eran estos funcionarios quienes evaluaban cuánto podía pagar cada recluso y definían los costos de los beneficios dentro del centro penal.
Pero más allá de los lujos, el relato también expone la crudeza del sistema interno de poder. La exreclusa describió un ambiente dominado por líderes, quienes imponían normas por encima de la estructura oficial. En ese contexto, relató episodios de extrema violencia que marcaron la dinámica del penal.
Uno de esos momentos, según su versión, fue la caída de un líder ampliamente temido por su crueldad, lo que dio paso a la llegada de un nuevo jefe. Aunque lo describió como un delincuente violento, Restrepo aseguró que su ascenso representó un cambio significativo dentro del penal.
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Bajo su mando, afirmó, se establecieron reglas más estrictas, especialmente en lo relacionado con el trato a las visitas, prohibiendo abusos y generando un ambiente que, aunque seguía siendo controlado por internos, se percibía como más ordenado.
Las revelaciones de Restrepo vuelven a poner en el debate la realidad del sistema penitenciario hondureño, que sigue siendo uno de los focos violentos, año con año.








