¡Locura total en San Pedro Sula! El Olímpico hierve, la Ultra Fiel invade y el homenaje a Orinson Amaya que quiebra a todos
San Pedro Sula está bajo asedio. No cabe un alfiler y la temperatura no es solo climática, es pasional. La ciudad industrial se paralizó desde temprano porque hoy no es un domingo cualquiera: es el primer capítulo de la Gran Final del fútbol hondureño. La «batalla» por el título comenzó en las calles y ya se trasladó a las gradas del Estadio Olímpico.

La marea verde inundó las inmediaciones del coloso. Nadie se quiere perder el pulso entre el Marathón de Pablo Lavallén, que busca desesperadamente la décima estrella, y el Olimpia, el gigante que va por la histórica copa 40. El ambiente es ensordecedor.
Invasión de la Ultra y la caminata del Monstruo
Las calles fueron testigos de un carnaval dividido en dos colores. Por un lado, la Furia Verde realizó una caminata multitudinaria, escoltando al autobús de sus guerreros con bengalas y cánticos de guerra. Por el otro, la Ultra Fiel no se achicó: pintaron de azul, blanco y rojo la ciudad, demostrando por qué siempre son locales donde vayan.
Un fuerte contingente de seguridad blindó (oops, aseguramos) el perímetro para evitar cualquier ridículo y garantizar que la fiesta sea en paz. Dentro del recinto, el césped luce impecable, una alfombra lista para que ruede la pelota.


El momento más emotivo: ¡Por vos, Orinson!
Pero el fútbol pasó a segundo plano por un instante cuando las cámaras enfocaron el palco. La nostalgia golpeó fuerte. La familia de Orinson Amaya, el eterno presidente del Marathón, llegó al estadio para honrar su memoria.
Doña Aracely y sus hijos, vestidos con camisetas con la imagen del exmandatario, tomaron su lugar. Hay lágrimas y esperanza. El sueño de Orinson era ser campeón en el centenario y hoy, su espíritu empuja desde la grada. «Esta copa se tiene que quedar aquí», es el grito silencioso de una familia y una afición que quiere regalarle el título al cielo.

La mesa está servida. El calor, la gastronomía, las familias y la tensión. ¡Que arranque la final!











