Los retos de la transparencia en elecciones en Honduras

Los retos de la transparencia electoral en Honduras

28 de noviembre de 2025Elecciones 2025

A un paso de las elecciones generales de 2025, Honduras vuelve a enfrentar una encrucijada marcada por la desconfianza ciudadana y un historial de procesos electorales cuestionados en términos de transparencia.

La discusión no solo se ha reavivado tras las primarias, sino por una década y media de tensiones políticas que se agravaron tras el Golpe de Estado de 2009 y cuyos efectos siguen condicionando la institucionalidad democrática.

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El punto de quiebre moderno de la política hondureña fue aquel 28 de junio de 2009 con la salida forzada del en ese entonces mandatario: Manuel Zelaya Rosales, el país despertó convulso en todos los sentidos: social, política y económicamente. Analistas como Joaquín Mejía han insistido durante años en que aquella crisis nunca se cerró realmente. Para el investigador, ese suceso profundizó una transición democrática que ya venía debilitada desde los años ochenta y evidenció que la institucionalidad seguía vulnerable ante las cúpulas de poder.

Las consecuencias —advierte— siguen reflejándose hoy en fenómenos como migración masiva, pobreza extrema, penetración del narcotráfico en estructuras del Estado y una justicia selectiva que erosiona la confianza ciudadana.

Tras el golpe, la llegada de Porfirio “Pepe” Lobo al poder en 2010 fue presentada por algunos sectores como el retorno al «orden institucional», mientras otros la consideraron una continuación de la ruptura. El propio Partido Nacional defendió entonces que el proceso electoral había sido independiente y con amplia participación.

Sin embargo, la ruta electoral posterior no fue más estable. En 2013, las denuncias por fraude marcaron el primer mandato de Juan Orlando Hernández. La oposición externa rechazó los resultados y movilizó a sus bases. Aunque las tensiones no escalaron a una crisis nacional, dejaron un precedente de desconfianza que se haría más evidente cuatro años después.

La elección de 2017 se convirtió en uno de los procesos más caóticos de la historia democrática reciente, desatando protestas en todo el país. La oposición denunció fraude, los enfrentamientos dejaron muertos, detenciones y graves señalamientos de uso excesivo de la fuerza, documentados por organismos nacionales e internacionales. Aunque finalmente se declaró ganador a Hernández, la crisis poselectoral expuso la fragilidad del sistema y la necesidad urgente de reformas que nunca llegaron.

El contraste llegó en 2021, cuando las elecciones que dieron la victoria a Xiomara Castro se desarrollaron en un clima más tranquilo y con alta participación. No obstante, la percepción favorable del proceso no se tradujo en una satisfacción generalizada con la gestión posterior. Para muchos sectores, el cambio político no resolvió las expectativas en combate a la corrupción  transparencia institucional, dejando —según analistas— “un sabor agridulce” pese al avance democrático que representó el relevo en el poder conforme a la asistencia en las urnas.

Ese contexto de desgaste precede a las elecciones primarias de marzo de 2025, que agregaron nuevos motivos de inquietud. El retraso inédito en la llegada de maletas electorales —algunas entregadas con más de 10 horas de demora— generó alarma entre ciudadanos. El material debió estar disponible desde la noche previa, pero en ciudades como Tegucigalpa y San Pedro Sula los retrasos fueron críticos, obligando a que hondureños ejercieran el sufragio incluso hasta en la madrugada del día siguiente.

La discusión se intensificó debido al roles y responsabilidades del traslado y custodia del material. La situación y los constantes señalamientos entre los políticos no han logrado calmar las aguas.

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En un país que pasó del bipartidismo al multipartidismo sin reformar a fondo su sistema electoral, analistas consideran que el termómetro y dinámicas políticas solo se han expandido sin poder verse traducido a un beneficio poblacional sustancial.

La incertidumbre marca un camino complejo hacia las elecciones generales, donde la confianza será tan decisiva como la participación. El analista Luis León dejó una reflexión que resume el desafío democrático que enfrenta el país: “El pueblo hondureño debe entender que debe ir a escoger gobernantes, no a sacar gobiernos”.