Koriun: el dinero invisible y un capital sin coordenadas
Durante años, Koriun fue presentado como el epítome de la sofisticación financiera: estética pulida, discurso técnico, y promesas de rentabilidad que deslumbraban a miles de inversionistas.
Sin embargo, tras la fachada de modernidad y exclusividad, se esconde una realidad cada vez más difícil de ignorar, no existen pruebas claras de en qué se invirtió el dinero de sus clientes.
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Lo preocupante no es solo la opacidad, sino la aparente indiferencia con la que Koriun ha manejado sus obligaciones de transparencia. A la fecha, no hay informes de auditoría independientes, registros oficiales verificables ni estados financieros que respalden las operaciones de la empresa.
Las cifras, según coinciden varios analistas financieros tanto nacionales como internacionales, “no son del todo correctas” una forma diplomática de señalar que los números simplemente no cuadran.
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“Desde el punto de vista financiero y económico, ninguna empresa ofrece la rentabilidad que prometía Koriun sin asumir riesgos extremadamente altos”, explicó un economista consultado. Sin embargo, esa promesa irreal fue precisamente la que atrajo a miles de inversionistas, muchos de ellos jóvenes que confiaron sus ahorros a lo que parecía ser una plataforma legítima de inversión digital.
Según información recabada, parte del dinero ingresado por nuevos clientes se usaba para pagar intereses a inversionistas anteriores. El modelo, si bien aún está bajo investigación, recuerda a los esquemas Ponzi clásicos. A esto se suma otra incógnita, si parte del dinero fue efectivamente prestado, no está claro si los prestatarios pueden o desean devolverlo.











