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Nos llaman corruptos los que nos corrompieron

Por Lenin Berrios

Hace unas semanas, el presidente Donald Trump manifestó que: “la gente emigra ilegalmente a los Estados Unidos porque sus países son un asco y es culpa de los corruptos que se roban el dinero. Si los países se manejaran bien, la gente se quedaría en su país”.

¿Será que el señor Trump desconoce que las grandes transnacionales de su país son responsables de que nos hayamos convertido en un asco?

¿Que para explotar nuestros recursos naturales y nuestra riqueza a través de sus empresas se dieron a la tarea de corromper desde el presidente hasta los mandadores ladinos, que sometían y explotaban, en nombre de su amo, a los humildes obreros?

Y este no es el caso particular de Honduras, sino de la mayoría de los países de Latinoamérica, a los cuales las poderosas empresas bananeras y mineras estadounidenses explotaron hasta empobrecerlos, logrando concesiones precisamente a base de la corrupción.

Para aumentar las ganancias, dichas compañías utilizaron todos los medios posibles, sobretodo, la compra de voluntades y la explotación de la mano de obra.

Hillyer V. Rolston, lugarteniente de Samuel Zemurray, que luego se convirtió en uno de los dueños de la United Fruit Company, lo evidenció en una carta que envió a uno de sus abogados. Es así como nace la famosa Carta Rolston, escrita el 20 de Julio de 1920, que en su parte medular dice:

“debemos producir un desgarramiento en la incipiente economía de este país, para aumentar sus dificultades, y se faciliten nuestros propósitos. Debemos prolongar su vida trágica, tormentosa y revolucionaria, el viento solo debe soplar a nuestras velas, y sus aguas humedecer no más que nuestras quillas”.

En otro de sus puntos, la carta dicta: “Debemos obtener concesiones, privilegios, franquicias, abrogación de impuestos aduaneros, exonerarnos de toda carga pública, de gravámenes, y de todos aquellos impuestos y obligaciones, que mermen nuestras utilidades y las de nuestros asociados”.

Esta carta era básicamente un decálogo de instrucciones para que la United Fruit Company siguiera expandiéndose y enriqueciéndose a base de nuestros recursos, y en ella se consideraba a la clase dominante hondureña como un grupo que carecía de patriotismo y que por lo mismo era fácil de doblegar y amoldarla a los deseos y propósitos de la compañía.

Entonces, señor Trump, ahora que sabe por qué nuestros gobernantes son tan corruptos y nuestros pueblos tan pobres, ¿seguirá considerando a nuestros países un asco?

Sin embargo, aceptaremos, como hondureños, que dediquen sus mejores esfuerzos y voluntades a curarnos de este cáncer, que ustedes mismos provocaron. De esta forma, no necesitaremos salir de nuestra querida tierra en busca de un sueño americano, porque también somos América.

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