Mujeres en estructuras criminales en Honduras

Mujeres en estructuras criminales en Honduras: ¿Cada vez con más puestos de mando?

17 de febrero de 2026Nacionales

En Honduras, la participación de mujeres en estructuras criminales está experimentando un cambio notable: cada vez ocupan más puestos de mando y asumen funciones estratégicas dentro de pandillas y organizaciones del crimen organizado. Lo que antes se percibía como un espacio estrictamente masculino comienza a mostrar un protagonismo femenino que no puede pasarse por alto, según especialistas en seguridad.

El criminólogo German Licona explicó a medio de comunicación que la presencia de mujeres en posiciones clave no es anecdótica. “Cuando las estructuras criminales involucran al género femenino en niveles altos, esto refleja un replanteamiento de su dinámica interna y un despliegue estratégico previo a nuevas operaciones”, señaló.

Licona agregó que las mujeres “pasan más desapercibidas” y, por lo tanto, logran controlar la economía de las pandillas de manera más efectiva. “Han dejado de estar relegadas a roles secundarios para ocupar cargos fuertes dentro de más de 89 barrios y colonias”, indicó.

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Mujeres: ¿nuevos actores en la criminalidad?

Según Licona, este fenómeno exige un cambio de enfoque por parte de las autoridades. “Las mujeres están dirigiendo operaciones, manteniendo la logística y sosteniendo la economía criminal. Ignorar este actor es un error estratégico para cualquier política de seguridad”, advirtió. El especialista señaló que este patrón no se observa de manera uniforme en otros países, por lo que las medidas preventivas y de control deben ser integrales y adaptadas al contexto local.

Estudios realizados por la Alianza para la Paz destacan que muchas mujeres se incorporan a pandillas buscando protección frente a la violencia en sus hogares. En el caso del Barrio 18, alrededor del 50% de las entrevistadas para Tendencias y cambios en el rol de las mujeres en las pandillas reportaron esta motivación; en la Mara Salvatrucha (MS), la cifra asciende al 75%. La necesidad económica también juega un papel importante: en MS, aproximadamente el 75% de las mujeres mencionaron la pobreza extrema como factor determinante para unirse a la pandilla, mientras que en el Barrio 18 este porcentaje fue del 25%.

Entre la subordinación y el liderazgo

A pesar de que las pandillas siguen siendo espacios predominantemente masculinos, las mujeres han logrado escalar posiciones de influencia, coordinando operaciones y gestionando recursos financieros y logísticos. Licona describe esta evolución como una “mutación de mando”: mientras los hombres históricamente lideraban estas estructuras, hoy muchas mujeres ocupan cargos estratégicos y ejercen control sobre áreas críticas.

Sin embargo, esta visibilidad no elimina los riesgos. Las mujeres pandilleras continúan siendo víctimas de violencia física y sexual, tanto dentro de las pandillas como en enfrentamientos con grupos rivales y fuerzas de seguridad. Aun así, para algunas, la pandilla representa un espacio de protección y acceso a recursos que no encuentran en sus familias o comunidades.

Prevención y abordaje integral

Expertos coinciden en que enfrentar esta realidad requiere más que represión policial. Es fundamental combinar políticas de prevención social, acceso a educación, oportunidades económicas y programas de reinserción específicos para mujeres. Los hallazgos de la Alianza para la Paz subrayan que el rol de la mujer en las pandillas es multifacético: pueden ser autoras, cómplices o encubridoras, y su involucramiento en delitos de narcotráfico, extorsión y lavado de dinero es cada vez más relevante.

“Si no abordamos integralmente el contexto social y económico de la sociedad, seguiremos con más de lo mismo”, señaló el abogado Licona, recordando que hasta enero de 2026 se mantenía un estado de excepción en algunas zonas del país.

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La creciente presencia de mujeres en roles de mando dentro de pandillas en Honduras representa un fenómeno que combina vulnerabilidad, violencia y liderazgo. Comprender los factores socioeconómicos y de género que impulsan esta participación es esencial para diseñar estrategias efectivas de prevención, control y reinserción, evitando que la violencia y la criminalidad sigan perpetuándose.