Comer mucho o comer poco: ¿qué dice la psicología sobre nuestros hábitos alimenticios?
Durante una amena conversación en el programa Hoy es tu día, los presentadores abordaron un tema con el que muchos se sentirán identificados: la relación entre las emociones y la comida.
Entre risas y anécdotas personales, se reflexionó sobre cómo el estrés o la felicidad pueden alterar el apetito, llevándonos a comer de más o, por el contrario, a perder el hambre.
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Comer por ansiedad: el hambre emocional
Desde la psicología, se explicó que comer en exceso no siempre está relacionado con el hambre física, sino con lo que se conoce como hambre emocional.
Este tipo de alimentación surge como una respuesta al estrés, la tristeza o la ansiedad, y suele llevar a consumir alimentos ricos en azúcar y grasa como una forma de recompensa.
Cuando el cerebro libera cortisol —la hormona del estrés— aumenta el apetito, provocando antojos de pizza, chocolate o galletas. “Después de un día difícil, el cuerpo busca compensar las emociones con comida”, mencionaron durante el diálogo.
Cuando el estrés cierra el apetito
No todas las personas reaccionan igual ante el estrés. Algunos, como comentaron los presentadores, pierden el apetito en situaciones de tensión o preocupación.
Según especialistas, esto ocurre porque el cerebro activa el modo de “alerta” y desvía la energía del sistema digestivo, provocando que “el estómago se cierre”.
En estos casos, comer poco puede ser una forma inconsciente de intentar recuperar el control ante circunstancias que generan ansiedad o incertidumbre.
El cerebro y el estómago: una conexión real
Los conductores destacaron un dato curioso: el cerebro y el sistema digestivo están estrechamente conectados. Esto significa que los pensamientos, las emociones y la alimentación están directamente relacionados.
Por eso, cuando una persona se preocupa demasiado, puede sufrir dolores de cabeza o molestias estomacales.
“En otras palabras, el cuerpo habla a través del apetito”, concluyeron. Comer mucho o comer poco puede ser una señal de que algo emocional está ocurriendo, y escuchar al cuerpo es el primer paso para mantener el equilibrio entre mente y alimentación.
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