"Las vueltas de la vida": El origen migrante del abuelo de Donald Trump a Estados Unidos

«Las vueltas de la vida»: El origen migrante del abuelo de Donald Trump a Estados Unidos

3 de febrero de 2025Internacional, Migración

Friedrich Trump, el abuelo de Donald Trump, nunca imaginó que su sueño de prosperar en tierras extranjeras sería la base de un imperio que ahora es marcado por la contradicción.

Friedrich llegó a Estados Unidos en 1885, con apenas 16 años, un joven inmigrante que huía de la pobreza y de las restricciones de su natal Kallstadt, un pequeño pueblo en Alemania. El destino lo llevaría a convertirse en el abuelo del hombre que más tarde sería el 45º y el ahora 47º presidente de Estados Unidos.

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Sin embargo, la historia de su llegada al nuevo mundo está marcada por una ironía: mientras Donald Trump ha hecho de su lucha contra la inmigración uno de los pilares de su carrera política, su propio abuelo fue, precisamente, un inmigrante económico que buscaba una mejor vida lejos de las barreras de su tierra natal.

Friedrich, que inicialmente llevaba el apellido Trumpf, viajaba sin grandes pretensiones más allá de enviar dinero a su familia. El joven inmigrante llegó a Nueva York, donde fue recibido por su hermana mayor y su esposo, quienes ya se habían establecido en el país. No hablaba inglés y, como muchos otros inmigrantes de la época, se enfrentó a condiciones precarias. A bordo de un barco de tercera clase, la travesía hacia América fue dura. Los viajeros compartían un espacio sin privacidad ni comodidades. Sin embargo, su ambición era clara: salir adelante en una tierra que prometía oportunidades.

Lo que comenzó como un trabajo humilde como barbero se transformó, años después, en una próspera carrera en el sector de los restaurantes y los hoteles, especialmente en el contexto de la fiebre del oro en el Yukón. Friedrich, que nunca trabajó como minero, se dedicó a “minar a los mineros” ofreciendo servicios a quienes se aventuraban en las minas.

abuelo Donald Trump
(Foto: cortesía)

En 1900, ya tenía una fortuna que equivaldría hoy a 500,000 dólares, lo que le permitió regresar a Kallstadt y establecerse nuevamente en Nueva York con su esposa, Elizabeth Christ, con quien tuvo varios hijos.

Sin embargo, no todo fue fácil. En 1905, Friedrich fue deportado de Alemania después de que las autoridades bávaras descubrieran que había abandonado su país natal evadiendo el servicio militar obligatorio. Fue entonces cuando escribió una carta al príncipe regente de Baviera, en la que suplicaba por su permanencia en el país, destacando su éxito económico en América y el bienestar de su familia.

La carta refleja el fervor de un hombre que, a pesar de su éxito, no estaba dispuesto a perder lo que había ganado con tanto esfuerzo. A pesar de sus súplicas, la respuesta fue negativa y, en poco tiempo, Friedrich regresó a Nueva York, donde finalmente asentó a su familia en el barrio de Queens, una zona que se urbanizaría rápidamente y que daría origen al imperio inmobiliario de la familia Trump.

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Este pasado migrante de su abuelo no parece haber influido en las políticas migratorias que Donald Trump. Como líder, Trump se centra en la reducción de la inmigración, promoviendo políticas que dificultaban el acceso de los migrantes al país, mientras él mismo descendía de un inmigrante.

El contraste entre la historia de Friedrich Trump y las políticas de su nieto es una de las paradojas más notorias de la historia reciente de Estados Unidos.

abuelo Donald Trump
(Foto: cortesía)

Supuesta carta del abuelo de Donald Trump:

“¡Su serenísimo y poderosísimo Príncipe Regente! ¡El más gracioso regente y señor! Nací en Kallstadt el 14 de marzo de 1869. Mis padres eran trabajadores de los viñedos honestos y piadosos. Ellos me condujeron estrictamente a todo lo que es bueno, con diligencia y piedad, a asistir regularmente a la escuela y a la iglesia, a la completa obediencia de la autoridad. Después de mi confirmación en 1882, aprendí el oficio de barbero.

Emigré en 1885, cuando cumplí 16 años. En América llevé mi negocio con diligencia, discreción y prudencia. La bendición de Dios estaba conmigo, y me volví rico. Obtuve la ciudadanía estadounidense en 1892. En 1902 conocí a mi esposa. Tristemente, ella no podía tolerar el clima de Nueva York, por eso regresé con mi adorada familia a Kallstadt. El pueblo me recibió con gusto como un ciudadano capaz y productivo. Mi anciana madre estaba feliz de ver a su hijo y a su nuera, así como a su nieta; ella sabe que cuidaré de ella cuando sea mayor. Pero fuimos confrontados, como si cayera un rayo, con las noticias de que el ministerio del Estado Real, decidió que debemos dejar nuestra residencia en el reino de Bavaria.

Quedamos paralizados, nuestra familia sufrió de terrible ansiedad, y mi amada hija se enfermó. ¿Por qué deberíamos ser deportados? Esto es muy, muy difícil para una familia. ¿Qué pensarán nuestros conciudadanos si sujetos honestos son tratados así? Sin mencionar las grandes pérdidas materiales que sufriremos. Quisiera volver a ser un ciudadano bávaro de nuevo. En esta situación urgente, no tengo otro recurso que volver los ojos a nuestro adorado, noble, sabio, y justo señor, nuestro gobernante, altísima excelencia, quien ha llorado muchas lágrimas, quien ha gobernado tan benéfica y justamente, y dulcemente amado, con la petición más humilde de que el señor tenga piedad y permita a su siervo quedarse en el más gracioso reino de Bavaria. Su más humilde siervo, Friedrich Trump”.

*Con información de BBC.