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¿Y los que quedamos fuera de “El Pozo” qué?

Están los que celebran y los que se duelen, y también los que dudosos analizamos si será “este” el mejor camino.

En medio de un impactante proyecto logístico muy bien documentado, el traslado de los ahora denominados “reos de alta peligrosidad” hacia nuevos centros penitenciarios más acordes a los estándares de máxima seguridad ha captado las miradas de todos, la población en general ha reaccionado con un tanto de asombro, algunos perplejos no han tenido ni tiempo de criticar o de celebrar, otros -no pocos- hasta han dicho que se trata simplemente de un truco mediático o de un ardid político.

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También están los indiferentes, pero ellos también merecen indiferencia y están también los que se detienen e intentan hacer un análisis profundo de lo que actualmente sucede con los presos de todos los centros, pero de lo que no cabe duda es que todos nosotros en alguna medida, hemos visto expectantes lo que está sucediendo en el sistema penitenciario del país.

Convoy preparado para el traslado de reos del penal sampedrano.

De cadenas de oro a barrotes de acero.

Después de una vida de lujos en algunos centros penitenciarios, que se habían convertido más bien en Hoteles para criminales; los privados de libertad catalogados por la justicia como Criminales Peligrosos están siendo tratados como se esperaría de un sistema penitenciario apenas funcional.

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Aquellos que han controlado a base del terror algunos territorios de la nación, no tendrían por qué ser tratados con lujos e indulgencias propias de quien simplemente “ha cometido un error”, estos criminales encontrados culpables, infraganti y algunas veces confesos y hasta orgullosos de las barbaridades que han cometido, deben ser tratados como una amenaza real para el resto de los miembros de la sociedad que pretenden ganarse la vida honestamente dentro del marco del respeto de la ley.

Pero cuidado, no podemos pretender “meter a todos en una sola olla” como normalmente hacemos con otras situaciones de la vida; “Todos son iguales” repetimos sin temor, “Todos son corruptos” afirmamos con ligereza, intentar generalizar siempre, es una práctica propia de las mentes perezosas, si nos hacemos llamar sociedad civilizada, tenemos que pensar como tal.

Cada uno de los casos es diferente y como bien decía un filósofo alemán “Generalizar siempre es equivocarse.” depende de nosotros ahora, los que estamos fuera de “El Pozo” tomar el camino correcto hacia la tranquilidad de una sociedad más segura y -porque no- a la erradicación de la criminalidad en el país.

¿Es esta la solución al problema?

Más cárceles y menos planes sociales no parece ser el mejor camino, si continuamos solamente por el camino del castigo al crimen y no de la prevención del mismo nos van a hacer falta “pozos” y nos van a sobrar criminales. Sería como pretender aliviar el dolor por un momento de donde subyace una tremenda infección que tarde o temprano nos puede matar.

Si bien es cierto, algunas estadísticas nos muestran que ya se puede ver un impacto positivo a partir de las más recientes acciones, como lo apuntaba el Sr. Larach, presidente del COHEP hace unos días:

“No tenemos una cifra exacta, pero se ha reducido por lo menos entre 30 y 40% la extorsión en comparación con lo que había” — Luis Larach, Presidente del COHEP

Y es que las matemáticas no nos dejarán mentir, a cada acción le sigue una reacción proporcional y opuesta y es por lo que vemos una baja en las estadísticas de los crímenes que se creen relacionados a la actividad orquestada desde los centros penitenciarios anteriores como la extorsión y el encargo de asesinatos y otros crímenes.

Pero no cantemos victoria aun, apenas es el inicio de algunas acciones que esperamos sean seguidas de planes sociales conscientes a corto plazo con impacto permanente a mediano y largo plazo, programas humanos orientados a minimizar los candidatos a “El Pozo” y no solamente programas reactivos que ataque los resultados del germen de la criminalidad, sino que se enfoquen en el germen mismo que es realmente a quien deberíamos atacar.

Jóvenes en riesgo social que habitan zonas peligrosas

Los actuales reos no son un fenómeno aislado.

Tenemos que ser justos y recordar que los privados de libertad son también hijos de nuestra patria, no precisamente los hijos que más la enorgullezcan pero son catrachos al fin.

¿Qué pasará con estos compatriotas?, ¿Es acaso nuestro deber como sociedad simplemente encadenarlos, aislarlos y separarlos por completo de la oportunidad de reivindicarse? como si fueran una enfermedad incurable o parte de una raza alienígena desconocida para el hombre y de la que no tenemos idea ni como defendernos. No.

Los delincuentes más peligrosos y los criminales de mentes a veces retorcidas no son más que un producto de nuestra sociedad, aunque no nos guste admitirlo, estos se han gestado en hacinamientos familiares, asentamientos humanos que llamamos “barrios peligrosos” a los que no queremos acercarnos pero que albergan miles de familias hondureñas a las que a veces ignoramos o solo escuchamos en las noticias, o por medio de documentales a veces hasta realizados por extranjeros.

Menores capturados en algunos de los operativos policiales

Algunos de estos individuos han sido arrastrados por un caudal de comportamientos que impregnaron su infancia y adolescencia, una cruel realidad donde se vive una verdadera ley de la selva, en donde lo primero que te enseñan no es precisamente el amor al prójimo, sino más bien el “temor del prójimo” donde aprendes por las malas que en “esta vida” o matas o te mueres.

La mayoría de ellos fueron víctimas de situaciones familiares desesperadas, de pobreza moral o social, o del alcoholismo de un padre o una madre que marcó de por vida su actitud y que no les enseñaron más que violencia y desamor.

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No con esto pretendo justificar sus acciones, pero si pretendo elevar un poco la mirada y tratar de entender dónde está el verdadero germen del crimen dentro de nuestra sociedad y ponernos en alerta para que todos aquellos niños y jóvenes que están en el camino indiscutible de la delincuencia, como resultado del entorno en el que viven y de la falta de oportunidades de guía y orientación familiar, de amor y de oportunidades de empleo, los que aún quedan fuera de “El Pozo” nunca tengan que ver desde el otro lado de los barrotes de máxima seguridad.

“Acuérdense de los presos, como si estuvieran presos con ellos, y de los maltratados, puesto que también ustedes están en el cuerpo.” — Hebreos 13:3

Las preguntas importantes

Lo siguiente que nos toca exigir como miembros responsables de la sociedad es que nos expliquen: ¿Cuál será la política de re-inserción?,¿Quiénes pueden optar a ella y para cuándo podremos verla en acción?.

También debemos preguntar, ¿Cuáles serán los planes y programas de prevención social? con los que se intentaría rescatar a nuestros compatriotas en riesgo social y la pregunta más importante de todas ¿Cómo podemos ayudar?

La respuesta a algunas de estas preguntas tan profundas no están solamente en las estadísticas o en las normativas judiciales, sino en cada uno de nosotros, porque juntos, Somos Honduras.

1 Comment

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  • Una realidad en este texto que acabo de leer analizando todo esta claro ahora bien que le toca al gobierno si bien dice son hondureños. Y en hebreos 13: 3 es claro lo que dice la palabra entonces como gobierno le toca dar la pastilla para esta infeccion mental ya que es psicologica que estos presos tienen por x motivo le toca al gobierno buscar la medicina ¿cual es ¿ Pues dar trabajo implentar manualidades siembras talleres y mucho mas asi cambiara las mentes de estas personas. Y no solo seria culparlos de presos peligrosos pero que no este haciendo show de mandarlos al pozo si el sabe tambien que volveria esa infeccion sin cura

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